Anemia ferropénica - todo lo que necesita saber acerca de ella

Anemia Ferropénica

La anemia ferropénica es una enfermedad muy extendida que mucha gente desconoce. A veces se le llama “estar bajo de hierro” o “tener el hierro bajo”, pero esas descripciones son inexactas.

Vamos a ver realmente qué es la anemia ferropénica, cómo se produce y qué podemos hacer para manejarla. ¡Empezamos!…

¿Qué es la anemia ferropénica

El término “anemia ferropénica” tiene dos palabras: “anemia” y “ferropénica”. Estas dos palabras responden a dos conceptos distintos.

  • Anemia” es la enfermedad que se caracteriza por el descenso de la cifra de hemoglobina en la sangre, por debajo de 13 g/dL en varones y por debajo de 12 g/dL en mujeres.
  • Ferropénica” describe la causa de la anemia. Esta causa es la carencia de hierro en el cuerpo, mineral básico para poder fabricar la hemoglobina.

Por eso hay muchos tipos de anemias, es decir, hay muchas causas distintas de que la cifra de hemoglobina en la sangre descienda por debajo de los valores normales, pero nos ocupamos aquí sólo de uno de esos tipos: el debido a una falta de hierro.

¿Cuáles son las causas de una anemia ferropénica?

Usted estará pensando: “ya lo ha comentado antes: la causa de la anemia ferropénica es que hay poco hierro”. Cierto.

Pero me refiero a qué causas pueden conducir a que la cantidad de hierro en nuestro cuerpo disminuya, conduciendo a la aparición de la anemia ferropénica.

  • Podemos tener poco hierro porque no comemos alimentos que lo contienen.
  • O podemos tener poco hierro porque aunque comamos alimentos con este mineral no nos llega a la sangre porque no somos capaces de absorberlo.
  • O incluso podemos tener poco hierro porque lo perdemos al sangrar (se va con la hemoglobina que también perdemos) y no conseguimos lo suficiente para compensar esa pérdida por el sangrado.

Para que le quede más claro cómo aparece una anemia ferropénica vamos a explicarlo paso a paso, como una película. Siga conmigo…

¿Cómo se genera una anemia ferropénica?

Si nos alimentamos de forma normal, con una dieta equilibrada que tenga todos los grupos de alimentos, nuestras necesidades de hierro deberían estar bien cubiertas.

El hierro procedente de los alimentos llegaría al estómago, donde el que estuviera en forma férrica pasaría a estar en forma ferrosa, y se iría hacia el intestino delgado.

El hierro en situación de normalidad

Llegaría a nuestro duodeno (que es la primera parte del intestino delgado) suficiente cantidad de hierro que se absorbería y pasaría a la sangre. Ese hierro que va nadando en la sangre lo medimos analíticamente con la sideremia o concentración de hierro en sangre.

El hierro no se queda en la sangre. Si hay suficiente cantidad se va al hígado para almacenarse en forma de ferritina, otro parámetro que medimos en la analítica de sangre y que refleja el estado de nuestro almacén de hierro.

Otro principal destino del hierro que hemos absorbido es irse a los huesos, concretamente al interior de los huesos, a la médula ósea, para que allí las células productoras de glóbulos rojos o hematíes lo utilicen en la fabricación de la hemoglobina. Ambos parámetros, la concentración de hemoglobina y la cantidad de glóbulos rojos, los conocemos cuando nos hacemos una analítica de sangre.

Hay más parámetros (por ejemplo, la transferrina, que es el transportador de hierro en la sangre, el autobús que coge el hierro para ir de lado a lado en el cuerpo humano), pero por ahora nos quedamos con los básicos: el hierro, la transferrina, la hemoglobina y el número de glóbulos rojos.

El hierro en situación de anormalidad

Imagine usted que se hace una herida y empieza a sangrar. O que tiene una úlcera o un cáncer de colon y está sangrando constantemente durante meses, poco pero de forma continuada. ¿Qué le pasa a estos parámetros que hemos descrito?

Cuando ha sangrado su cifra de hemoglobina y de glóbulos rojos desciende (porque se han perdido en la sangre que ha salido de su cuerpo), lo que enciende las alarmas del cuerpo y su médula ósea se pone como una loca a fabricar más hemoglobina y más glóbulos rojos para intentar mantener sus cifras en la normalidad.

El hierro que coma en las siguientes comidas, y el hierro que tiene usted almacenado en el hígado en forma de transferrina se usarán para este fin de reponer la hemoglobina y los hematíes perdidos.

Si la hemorragia es escasa la vuelta a la normalidad está garantizada.

Pero si la hemorragia es muy abundante, o es escasa pero muy continuada, es decir, si el proceso de fabricación de la nueva hemoglobina y los nuevos glóbulos rojos no da abasto y se ve superado por la pérdida, empezaremos a tener, primero una bajada de hierro (ferropenia) y luego una bajada de la cifra de hemoglobina en la sangre (anemia) que, juntas, constituirán la anemia ferropénica de la que estamos hablando.

El mismo mecanismo sería el que tendría lugar si dejásemos de comer alimentos con hierro o si no fuésemos capaces de absorber el hierro que hubiéramos comido. Se iría gastando la hemoglobina simplemente por el uso (los glóbulos rojos se van muriendo periódicamente, de viejos y por traumatismos con los capilares sanguíneos), y no seríamos capaces de producir hemoglobina y glóbulos rojos nuevos en cantidad suficiente.

Así, al hacernos una analítica, veríamos:

  • el hierro bajo,
  • la ferritina baja,
  • la hemoglobina baja
  • y la cifra de glóbulos rojos también baja.

Lo único que veríamos elevado es la cifra de transferrina, que denotaría que estas proteínas transportadoras de hierro están como locas buscando hierro que transportar.

Así se genera una anemia ferropénica. Pero todo esto está pasando fuera del cuerpo. ¿Cómo sospecharíamos desde fuera que usted está teniendo una anemia ferropénica?

¡Vamos a ver los síntomas que tienen las personas con anemia ferropénica!…

¿Qué síntomas se pueden ver en la anemia ferropénica?

Las personas con anemia ferropénica suelen estar muy cansadas. Al no tener suficiente hemoglobina no son capaces de llevar a las células del cuerpo el oxígeno que éstas necesitan (esa es la función de la hemoglobina), con lo que a poca actividad física que lleven a cabo se cansarán mucho.

Suelen tener también un color pálido en las mucosas y en toda la piel.

Al haber poca hemoglobina ésta, junto a los glóbulos rojos, ha de hacer más viajes desde las células que necesitan oxígeno hasta los pulmones que es donde se vuelve a cargar de oxígeno la hemoglobina, con lo que el corazón ha de aumentar el número de veces que late. Esto se ve como un aumento de la frecuencia cardiaca (taquicardia)y la persona lo nota como palpitaciones en el pecho.

También es frecuente que tengan mareos y dolores de cabeza. Incluso puede tener la visión como nublada.

Es muy incómodo estar con anemia ferropénica. Pero no vale con los síntomas para diagnosticarla. Es imprescindible la analítica…

¿Cómo se diagnostica la anemia ferropénica?

Hacer una analítica sólo con hierro en sangre no vale para diagnosticar una anemia ferropénica. Hay que analizar también el estado de los depósitos (ferritina) y el nivel de proteína transportadora del hierro (transferrina), porque ya hemos visto que todos estos parámetros se alteraban con la enfermedad.

Así que una hemoglobina menor de 13 g/dL en varones y menor de 12 g/dL en mujeres, con cifras de hierro bajas y cifras de ferritina bajas es diagnóstica de una anemia ferropénica y nos debe llevar a intentar solucionarla. ¿Cómo lo hacemos? Se lo cuento…

¿Cómo se trata la anemia ferropénica?

Para tratar la anemia ferropénica y que el cuerpo pueda volver a tener unos niveles normales de hemoglobina, de hierro y de ferritina, hay dos recursos que se pueden utilizar:

  1. la dieta
  2. los medicamentos.

Vamos a verlos, uno por uno.

Tratamiento dietético de la anemia ferropénica

Si usted come poco hierro su médico le hará comer más. Hay dos fuentes principales de hierro: el hierro heme que está en las carnes y el hierro no heme o vegetal que está en verduras y legumbres.

Si no come carne ha de darle mucho a las lentejas o a las acelgas y espinacas, porque el hierro de las carnes como el hígado de ternera se absorbe mucho mejor (un 10-35%) que el hierro de los vegetales (5-20%), aunque utilice usted el truco de usar las frutas cítricas -como las naranjas– para que aumenten la cantidad de hierro que absorbe en el intestino.

Una dieta con suficiente aporte de hierro corregirá anemias leves, pero si ya le ha bajado mucho la cifra de hemoglobina la modificación de su forma de comer no será suficiente. Habrá que acudir a pastillas

Tratamiento farmacológico de la anemia ferropénica

Su médico puede indicarle pastillas para tragar o ampollas para beber que contengan mucho hierro. Suelen ser muy eficaces a la hora de volver a llenar las reservas de hierro del cuerpo y de normalizar la cifra de hemoglobina, corrigiendo la anemia ferropénica. Pero tienen un pero…

El problema es que suelen producir mucho estreñimiento, lo que a veces hace que la persona que necesita ese hierro no sea capaz de ir al baño en absoluto y tenga que recurrir a los enemas de limpieza. Es la causa de que muchas personas no toleren el hierro oral.

Afortunadamente hay otra opción: meter el hierro directamente por vena, en la forma de administración parenteral. Evitamos así que la persona tenga estreñimiento y que por no poder hacer de cuerpo acabe rechazando el tratamiento con hierro que tanto necesita.

En casos de hemorragias bruscas en las que haya que recuperar la cifra de hemoglobina de forma rápida y no se pueda esperar a reponer las reservas de hierro y a que la médula ósea fabrique nueva hemoglobina puede ser necesario transfundir sangre, pero esto no es muy frecuente en la anemia ferropénica.

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