Cocinar en Sartenes de Teflón y el Riesgo de Cáncer

Las Sartenes de Teflón y el Riesgo de Cáncer

¡Cocinar en sartenes de Teflón produce cáncer! ¡No cocines en sartenes de Teflón o te arrepentirás!

Estas y otras afirmaciones tendrán cumplido comentario a continuación. Lea, lea…

Contexto

Seguro que en algún momento habrá recibido un correo electrónico o un whatsapp (que está desbancando al email como vehículo preferente del terrorismo informativo) con un texto dramático y aterrador, conminándole a que deje de usar las sartenes de teflón para cocinar, so pena de padecer un cáncer galopante e inminente.

Si tuvo la paciencia de leerlo –cada uno pierde el tiempo en lo que más le place- habrá visto que tiene pinta de estar muy bien fundamentado:

  • parece cargado de lógica,
  • cita argumentos con pinta de científicos,
  • se preocupa por su bienestar -cosa que no hacen las “terribles” y “malísimas” empresas, que sólo quieren sacarle el dinero vendiéndole sartenes-…

Seguro que ha pensado “Esto tiene pinta de ser verdad”.

¿Usted cree?

¡Vamos a verlo! Pero sin trampas ni trucos ni mentiras. La realidad desnuda. La que se puede demostrar de forma científica, con datos serios.

¡Al ataque!…

El Teflón® y sus compuestos químicos

El teflón® es el nombre comercial de una sustancia química, el politetrafluoroetileno (PTFE). Desde mediados del siglo pasado se comercializa para varios usos.

El uso que nos ocupa, el de proporcionar propiedades antiadherentes a los utensilios de cocina, ha posibilitado que no tenga usted que enloquecer rascando con fruición con una espátula para despegar las tortillas o los filetes cuando los pasa por la sartén. Lo cual, dicho sea de paso, es una ventaja innegable ya que gracias a esta anti-adherencia a sus platos no parece que los haya atacado un gato histérico, manteniendo una apariencia apetecible.

El politetrafluoroetileno o PTFE es un compuesto muy estable. Y, por cierto, no es el que se cita en los bulos que circulan por Internet. El presunto culpable de todos los males del teflón® y su potencial riesgo para padecer un cáncer es otro compuesto químico: el PFOA. Ahora le cuento qué quieren decir estas siglas.

El PFOA es el ácido perfluorooctanoico (dentro del nombrecito están la “P” –per-, la “F” –fluoro– y la “O” –octanoico-, siendo la “A” correspondiente a “ácido”; ¡estos ingleses, que lo escriben todo al revés!).

El PFOA no es el teflón®, pero se usa en su fabricación.

Quédese con este dato (le será muy útil para el apartado que viene a continuación): el PFOA se quema durante el proceso de fabricación del teflón®, de tal manera que no está presente en cantidades significativas (dicho en román paladino: está presente de forma muy escasa) en lo que llevan pegadas nuestras sartenes.

Lo que dice la literatura científica respecto al Teflón® y el cáncer

¿Alguno de estos compuestos ha sido identificado como causa de cáncer? Pues sí, y no. Les explico este aparente sinsentido.

El teflón® como tal NO ha demostrado que produzca ningún tipo de cáncer.

El PFOA (no les digo otra vez el nombre completo, porque no es necesario que se lo aprendan) ha producido cánceres, ¡pero en experimentación animal! De hígado, de testículo, de mama o de páncreas. Recuerde: ¡en animales!

No ha producido nunca un cáncer en humanos, al menos cuando se refiere al que viene en pequeña cantidad en las sartenes.

Ustedes pueden estar pensando: “Si puede producir cáncer en animales… ¡también puede producirlo en hombres!”. No. No funciona así.

Investigamos si algo produce cáncer cuando tenemos alguna sospecha que pueda estar haciéndolo. Por supuesto, no vamos a perder el tiempo (ni el dinero que cuesta investigar) haciendo trabajos de investigación de si el agua, con su fórmula básica de H2O –no estoy hablando de los contaminantes que pueda llevar- produce cáncer. Tenemos que tener alguna sospecha.

Empezamos investigando en el laboratorio. En placas con células a las que exponemos a la sustancia sospechosa. Pero esto se hace en condiciones de laboratorio (ideales) y a concentraciones muy elevadas de las sustancias sospechosas.

Si vemos que algo hay, pasamos a la experimentación animal, que ya se parece más a lo que sucede en humanos, pero todavía está lejos. Porque el animal no funciona igual que nosotros.

Progresamos desde las ratas –menos parecidas- a los monos –más parecidos-, pero seguimos lejos de la realidad. Entre otros motivos, porque la concentración de la sustancia tampoco tiene nada que ver con la que puede llegar a nuestras células y desencadenarles una transformación hacia un cáncer.

Por eso la experimentación animal no es el final del camino.

Hay que experimentar en humanos.

Por supuesto, no piensen que cogemos a personas y les inyectamos o les hacemos ingerir el compuesto tóxico, a ver si les sale un cáncer. Esto es amoral, acientífico y profundamente aberrante.

Lo que hacemos es ver en qué circunstancias las personas han podido estar expuestas a ese tóxico, y compararlas con personas que no lo han estado.

¿Qué comparamos? Su incidencia del cáncer.

Vemos que en el grupo de personas que se han expuesto, a lo largo de un tiempo determinado han aparecido cierto número de cánceres. Comparamos posteriormente ese número con el que ha resultado del mismo seguimiento de las personas que no han estado expuestas al factor potencialmente cancerígeno.

Si los números son muy distintos, siendo mucho mayor el número de cánceres en las personas expuestas (esto es más complicado: hay que cumplir criterios estadísticos que no les voy a contar aquí), empezamos a sospechar que puede haber algo.

Pero no concluimos que esa exposición es la causa del aumento de cifras de cáncer, porque las personas del estudio no han estado aisladas en condiciones controladas y homogéneas en un laboratorio. Han estado haciendo vida normal, comiendo lo que les ha dado la gana, llevando los hábitos de vida que han querido y teniendo acontecimientos vitales muy variados.

Por eso es tan difícil encontrar la relación de una sustancia determinada con el cáncer.

Y recuerde (que me he ido un poco por las ramas):

  • el teflón® no ha demostrado relación con el cáncer,
  • y el PFOA sólo ha demostrado relación con el cáncer en animales.

Una precisión: estamos hablando de la escasísima exposición al PFOA que conlleva su uso en utensilios de cocina. No se asuste, pero seguro que tiene usted ahora mismo una cantidad muy baja de PFOA en su sangre. ¿Por qué le digo esto? Porque hay estudios americanos que descubrieron que en la sangre de casi todos los estadounidenses había pequeñas cantidades de PFOA.

Eso no es problemático.

El problema aparece cuando se dan condiciones en las cuales se puede elevar muchísimo la concentración de PFOA en nuestra sangre.

¿Cuáles pueden ser esas condiciones? Por ejemplo:

  • Cuando está presente en grandes cantidades en aguas contaminadas porque haya habido algún vertido tóxico de alguna industria química cercana y nosotros lo ingerimos inadvertidamente de forma sostenida, en ese caso sí que puede traernos problemas.
  • Cuando nos exponemos a grandes cantidades de este compuesto, que inhalamos por estar trabajando en un sitio con una elevada concentración de PFOA en el aire ambiente (fábricas de cera para esquís, o de alfombras tratadas para evitar las manchas) sí que podría hacer que aumente nuestro riesgo de padecer un cáncer de riñón o de vejiga, que son los sitios del cuerpo en donde este tóxico se acumula para eliminarlo con la orina. Incluso más recientemente se ha visto que también de testículo.

Usted puede estar pensando: “¡Ahí está! ¡Hay conexión entre el cáncer y las sartenes de teflón®, y es por medio del PFOA ese!”. Si ha concluido usted esto es que no distingue cantidades.

Es evidente que el agua no es perjudicial, ¿no? ¡Pues póngase delante de un tsunami y ya verá lo que le pasa! No es el qué. Es el cuánto. Y el cómo.

En el caso que nos ocupa no estamos hablando de ponernos las botas de aguas contaminadas con PFOA, ni de trabajar en una industria sin ninguna prevención de riesgos laborales en la que inhalemos enormes cantidades de PFOA.

De lo que estamos hablando es de cómo nos pueden afectar estos compuestos químicos a la hora de usar sartenes de teflón® en nuestra cocina.

¡Veamoslo!

Cocinar con sartenes de Teflón y el riesgo de padecer un cáncer

Con lo que hemos investigado hasta la fecha, cocinar con sartenes de teflón, a día de hoy, NO produce cáncer.

El “ataque” doble sobre el teflón® (doble, porque es térmico –le aplicamos una fuente de calor por debajo- y químico –la sartén está llena con aceite, alimentos y condimentos varios-) NO condiciona que usted vaya a padecer un cáncer cuando fríe en una sartén con este material.

Por lo tanto puede usted conservar la calma. No le va a aparecer un cáncer porque fría esas chuletas suculentas en sus relucientes sartenes de teflón. Ni va a caérsele ningún órgano al suelo porque siga cocinando esas tortillas de chuparse los dedos en su sartén favorita.

En absoluto.

No tiene que tenerle miedo a sus sartenes de Teflón. No le van a matar.

¿Le ha quedado claro?

Vale. Ya estamos tranquilos. El Doctor Daniel González nos ha dicho que las sartenes de teflón no tienen ningún peligro. ¿No es así?

Pues no. Yo no he dicho eso. ¡Siga leyendo, siga, que ya queda poco!…

El peligro real del Teflón®

El teflón® es muy seguro, pero usarlo en su casa para cocinar puede conllevar un peligro. Leve, pero real. Peligro que no se desencadena por su uso normal, sino que aparece cuando hacemos un mal uso de las sartenes.

Le cuento…

Si ponemos la sartén casi al rojo vivo, calentándola en exceso, los compuestos químicos que forman el recubrimiento de teflón® de esa sartén se pueden soltar de ella, pasando en forma gaseosa –humos– al aire que respiramos al cocinar.

Inhalar ese humo no produce cáncer. Pero sí puede producir unos síntomas que podemos confundir con una gripe. Seremos pasto de la “fiebre por humo de polímeros”. Que no es grave, pero sí algo molesta.

Sus síntomas son sobre todo una fiebre que nos dura unas horas y luego se va. También puede producir escalofríos y algo de tos irritativa. E incluso dolores musculares y debilidad. Lo dicho. Podemos pensar que hemos cogido una gripe.

Una precisión respecto a esta fiebre por humo de polímeros y su gravedad.

A los humanos no nos produce nada más que un poco de fiebre y malestar pasajeros, pero a los pájaros les puede matar. Son respiratoriamente más sensibles.

Así que si tiene un canario, no lo lleve con usted para que le de conversación piante mientras fríe esas chuletinas de cordero que tanto le gustan, porque puede que sean el plato estrella del funeral de su pajarillo. Y eso no lo queremos.

Resumiendo…

Para resumir lo comentado hasta ahora:

  • Cocinar con sartenes de teflón, a día de hoy, NO produce cáncer.
  • Si calentamos mucho la sartén podemos tener una fiebre por inhalación de polímeros.
  • Si no nos gusta cocinar en sartenes de teflón® y las cambiamos por otras de otro material, que no sea por el bulo del cáncer. Que sea por un motivo real.

2 comentarios sobre “Las Sartenes de Teflón y el Riesgo de Cáncer”

  1. Hola Doctor. Recientemente me sirvieron una tortilla francesa con trozos de anti adherente de una sartén en la comida. me di cuenta ya al final, lo que significa que la mayor parte del anti adherente desprendido de la sartén al cocinarlo me lo comí. ¿Es cancerígeno? ¿se quedan los metales pesados en el organismo?
    muchas gracias

    1. Teresa, el cáncer desencadenado por exposición a agentes ambientales, ya sean ingeridos o inhalados, requiere de muchas exposiciones a esos agentes y durante mucho tiempo.
      Por una única exposición es casi imposible (en medicina no hay nada imposible) que se desarrolle un cáncer.
      Esos trozos del aislamiento de la sartén que usted ha ingerido con la comida seguramente los ha expulsado con la defecación, así que no se vuelva loca por ello.

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